
"Estoy buscando una canción un poco rota como yo. Estúpida y esordenada..."
Al filo del amanecer me dormí. Amaneció un día más y esta vejez que se acerca hora tras hora, segundo a segundo. Cuando abro los ojos pienso en todo aquello que me hace feliz pero no puedo evitar que me traicionen los sentimientos.
Amaneció y yo, contra ese inquilino no lucho, dejo que despliegue todo o que pueda dar.
Me levanto y arrastro mis cansados pasos dirigiéndome a la cocina, hacia el café de la mañana y a la ventana que me espera para ver pasar a la contradicción vestida de azul. La ventana esta ubicada en el segundo piso junto a una mesita redonda y negra, sus barrotes oxidados, sus cortinas translúcidas y el musgo creciendo en sus esquinas húmedas la hacen parecer vieja y descuidada.
Son la siete de la mañana, muy temprano para un cigarrillo, pienso, pero ¿Qué podemos hacer aquellos que dependemos de este asesino silencioso? Enciendo uno de ellos con la certeza de que, tal vez, no tendré tiempo ni paciencia para fumarlo hasta el final.
Regreso a la cocina, enciendo la radio y busco, entre tantas emisoras, una donde los locutores no sean estúpidos, de esos que se inventan un tema ridículo para que la gente llame a opinar y a exponer su vida privada a un público desconocido que se va a morir de la risa o que a lo sumo le va a tener lástima.
Por citar algunas de las preguntas he de anotar:
¿Qué le baja la libido en una relación?
¿Tendría usted una experiencia sexual homosexual?
¿Cree que su novio(a) es gay?
Entre otras tantas de ningún carácter y que me parece deshonroso mencionar.
Y colapsan, según ellos, las líneas telefónicas. ¡Claro! con tanto loco que anda suelto.
¿Dónde quedaron los buenos locutores, los programas serios de opinión, las investigaciones, los análisis, las discusiones provechosas? ¿Dónde quedó el locutor que nos invitaba a actuar, a hacer algo por el país, la política, la vida y el mundo?
Nuestras emisoras actualmente parecen dirigidas a satisfacer el morbo de una sociedad cada vez más desadaptada, mal educada y hambrienta.
Pero aparecen las apologías. ¡Que son espacios de libre expresión! ¡Que las preguntas no tienen intención de ofender a nadie! ¡Que la gente quiere desahogarse!
Yo les doy la razón. No se puede pedir manzanas a un peral. Claro esta, no sería raro que el peral, viviendo tanto cambio acelerado, diera manzanas para no quedarse atrás en el mal llamado progreso. Siento pena por este pueblo inculto alimentado con viento, paja y desgracia ajena.
Al fin, encuentro una buena emisora y mientras subo el volumen de la radio suena aquella canción: “Cuando el amor llega así de esa manera uno no se da ni cuenta…”
Mil veces he cantado dicho himno con una cerveza en la mano, unas cuantas en la cabeza y con sentimientos encontrados en el corazón. No puedo evitar sentirme como el protagonista de esa canción: “un Caballo viejo”.